El departamento del Huila despide con profundo dolor a uno de sus más sensibles creadores: el poeta, pintor y gestor cultural Yezid Morales Ramírez, cuya partida deja un vacío imposible de llenar en las letras del sur colombiano. Su muerte, conocida en círculos culturales y literarios en las últimas horas, ha suscitado mensajes de duelo, memoria y gratitud entre artistas, docentes, estudiantes y amantes de la palabra.
Yezid Morales no fue simplemente un autor: fue una conciencia estética, una mirada crítica sobre la existencia y un constructor silencioso de la identidad cultural huilense.
Una vida entre la poesía, el arte y la gestión cultural
Nacido en el Huila, Morales Ramírez dedicó su vida a explorar los múltiples lenguajes del arte. Fue poeta, narrador, pintor y gestor, con una trayectoria que trascendió lo local para insertarse en los circuitos nacionales de la literatura.
Entre sus publicaciones más recordadas se encuentran “Pretextos para una sonata” (1992) y “Monólogo de uno que no sueña” (2009), obras que revelan una escritura introspectiva, reflexiva y profundamente humana.
Su obra también fue recogida en antologías regionales y proyectos colectivos, consolidándolo como una de las voces representativas de la poesía huilense de finales del siglo XX y comienzos del XXI.
Pero su legado no se limita a la escritura. Morales ocupó cargos clave en la institucionalidad cultural: fue director del Instituto Huilense de Cultura, de la Escuela Superior de Artes Visuales y de la Biblioteca Departamental, desde donde impulsó procesos de formación, creación y circulación artística en la región.
El artista total: palabra, imagen y pensamiento
Quienes lo conocieron coinciden en que Yezid Morales habitaba el arte como una forma total de existencia. Su pintura dialogaba con su poesía: ambas disciplinas exploraban la luz, la memoria, el tiempo y la condición humana.
Ganador de múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio Nacional de Poesía en homenaje a José Asunción Silva y varios galardones departamentales “José Eustasio Rivera”, su obra fue celebrada tanto por jurados como por lectores atentos a su profundidad estética y filosófica.
Su escritura, lejos de lo ornamental, buscaba interpelar al lector: ponerlo frente a las preguntas esenciales, a la tensión entre razón y emoción, a la fragilidad de la existencia.
Último poema
Pregunta sin respuesta
Desde la ventana de cristal de este aposento donde estoy cautivo por las fatigas de mi cuerpo, observo la inmensa bóveda celeste sin una sola estrella.
Y pregunto:
¿Quién lanzó esta orden de dolor sobre la humanidad del transeúnte?
¿Quién permitió que una dolencia intentara cortar el hilo de mis días?
¿Quién conmovió el corazón de los más cercanos para brindar ayuda a la víctima de esta tribulación?
¿Quién llenó de paciencia el alma del impaciente que ahora murmura otra queja solitaria?
Yezid Morales Ramirez
6 de mayo 2026
Un legado para la literatura huilense
La muerte de Yezid Morales Ramírez enluta a una región que históricamente ha dado grandes nombres a la literatura colombiana, desde José Eustasio Rivera hasta nuevas generaciones de escritores.
En ese mapa cultural, Morales ocupa un lugar particular: el de los autores que, sin estridencias mediáticas, construyen obra sólida, acompañan procesos colectivos y dejan huella en la formación de nuevos talentos.
Su paso por talleres, bibliotecas, instituciones educativas y encuentros literarios contribuyó a tejer comunidad, a fortalecer el ecosistema cultural del Huila y a dignificar la creación artística como oficio.
La despedida: la palabra permanece
Aunque hasta el momento no se han divulgado de manera oficial todos los detalles de las honras fúnebres, diversas voces del ámbito cultural han comenzado a rendir homenaje a su memoria, destacando su generosidad intelectual, su rigor estético y su compromiso con el arte.
Hoy, más que nunca, sus versos adquieren otra dimensión: la de la permanencia. Porque si algo definió a Yezid Morales Ramírez fue su capacidad de convertir la palabra en un acto de resistencia contra el olvido.
Su partida deja silencio. Pero también deja libros, lienzos, ideas y una huella indeleble en la cultura del sur colombiano.








