Por Benjamín Alarcón*
Me puse contento escuchando a Petro hablar sobre educación. Y ahora sí, hablando en serio después de año y medio de esperar propuestas concretas de reformas de ese que es el tema crucial, estratégico, para cambiar la sociedad de verdad. Si no cambiamos la educación, los cambios en la sociedad, es decir en el cuerpo social con su cultura o culturas, sus conocimientos y saberes, sus percepciones y actitudes políticas, serán carreta, meras ilusiones, demagogia. Y me puse contento porque Petro comenzó a hablar del tema desde donde debe comenzarse: las cifras, los datos. Las cifras y los datos sobre resultados de la educación, que los miden tanto el Icfes en Colombia, como PISA fuera de Colombia. Y esas cifras evidencian que en los últimos 20 años la calidad de la educación ha caído en picada, viene en un descenso vertiginoso. Y viene en picada, en descenso, en los aspectos cruciales para los que debe servir la educación; para los que ha servido la educación a través de la historia: para aprender a pensar y pensar, y para alimentar ese pensamiento con conocimiento y saberes; me refiero a las Matemáticas y la Lectura. En esos dos aspectos, en esas dos competencias, en los últimos años los resultados de las pruebas Icfes y Pisa evidencian una caída vertiginosa. No sabemos pensar y como no sabemos leer no leemos y por tanto no hay apropiación del conocimiento que otros producen, ni mucho menos producción propia de ese conocimiento básico para actuar en la sociedad, en la economía productiva, en la cultura con sus artes, en la política con sus estrategias de mejoramiento social, no personal; y sin eso no hay ascenso social, y la pobreza se seguirá reproduciendo.
Mas contento me puse cuando escuché de Petro las estrategias para intervenir ese problema; planteó tres: formación de los maestros, implementación definitiva de la jornada única; y articulación de la universidad a la educación media. Sí, y hay que decirlo ya y sin tapujos: es que la mala calidad de la educación se debe a la mala calidad de los maestros; maestros que no saben pensar no pueden enseñarles a pensar a sus estudiantes; y menos si no leen, tampoco pueden enseñarles a leer. Así que en ese aspecto, intervenir la formación de los maestros es urgente. Y ese problema se interviene en la raíz, en quienes forman a esos maestros, que son la Facultades de Educación de las Universidades. Que lo están haciendo pesimamente mal. Estudiantes que llegan del bachillerato mal formados, con deficiencias en todo, pero sobre todo en esas competencias mencionadas, que son básicas para todo, terminan graduados como licenciados para ir a las escuelas y colegios a enseñarles a niños y jóvenes lo que no saben, o lo que aprendieron parcialmente o mal aprendido. Ahí está el meollo del asunto. Ahí está la raíz del problema educativo en Colombia. Ese es el círculo vicioso de la educación que hay que intervenir, interviniendo las facultades de educación.
Las otras dos estrategias están aprobadas hace muchos años y no han sido implementadas porque no hay interés en quienes deben hacerlo. La Jornada única implica mantener a niños y jóvenes en las instituciones educativas formándolos en el desarrollo de competencias y habilidades en las artes, los deportes y la convivencia. Es decir que no salgan a las 12 del mediodía sino a las tres de la tarde, aprendiendo eso que ya casi no se enseña ni se promueve en ellos y que es lo que los forma como sujetos, como seres individuales y actores sociales. No ha sido posible porque hay resistencia y oposición sobre todo de los profesores con sus gremios. La consecuencia de no implementar esa política es que los niños salen a las calles a aprender lo que no deben aprender, con todo lo que ello implica en materia de prostitución infantil, drogadicción y delincuencia infantil y juvenil. La otra estrategia es la articulación de la Universidad a la educación media. La política que viene de atrás habla de articular la educación superior a la media, tampoco ha sido posible, porque la Universidad pública de hoy se recogió en las cuatro paredes de los salones a repetirles a unos estudiantes sin mayores sueños ni esperanzas, unos discursos pretensiosos, descontextualizados y de poca o ninguna funcionalidad, para justificar salarios, prestaciones y privilegios. De ahí la mala calidad de los licenciados formados por aquella. Todo lo anterior que viene de atrás, de hace muchos años, no lo digo solamente yo, lo viene repitiendo, insistiendo amplia y profundamente el profesor Julián de Zubiría.
Así que cuando escuché de Petro el procedimiento para implementar la primera estrategia, la de la formación de los maestros, lo contento se me acabó. Poner a los maestros a estudiar maestrías en las Universidades es seguir repitiendo el círculo vicioso. Lo harán, pero para mejorar sus salarios y prestaciones. ¡Qué tristeza decirlo, pero hay que decirlo!
*De Facebook






